Correr en la playa

Los que tenemos ya cierta edad, posiblemente recordemos la escena mítica de Rocky Balboa y Apollo Creed corriendo por las playas californianas. Ahora que es tiempo de unas ansiadas vacaciones, quizás vayamos a la costa y si nos gusta correr y lo practicamos, nos tentará hacerlo por la playa. Pero, ¿es aconsejable?

La arena

Las playas pueden estar constituidas por diferentes materiales, desde la arena más fina, como la mayoría de playas del levante español hasta las de piedras, como las de gran parte de Almería. La arena suele estar constituida por rocas que se han ido pulverizando por el efecto de la erosión del agua, sal, restos de coral y de moluscos entre otros. Lo más común cuando pensamos en una playa es pensar en la típica de arena. Pero como sabemos todos, la arena seca está suelta y nuestros pies se hunden suavemente en ella, pero por el contrario, cuando se moja, se vuelve dura casi como el cemento.

Este comportamiento variable de la arena según su grado de humedad, varia una serie de parámetros a la hora de correr. Por ejemplo, si lo hacemos sobre la arena seca y blanda, nuestros impactos se verán amortiguados en gran medida, pero tendremos menos tracción y la impulsión con nuestros pies costará mucho más. Si por el contrario corremos sobre la dura y húmeda arena, tendremos mucha mejor tracción pero los impactos serán mucho más duros.

La arena seca y blanda

La arena seca y blanda forma pequeñas dunas que puede hacer que nuestros pies aterricen de forma peligrosa, aumentando el riesgo de un esguince, pero no es el único problema. Posiblemente muchos de vosotros recordareis un tipo de calzado que se puso de moda hace poco más de una década y que supuestamente estaba basado en Los Masais. Este tipo de calzado tenia su principio en una parte central muy blanda que se comportaba de forma similar a la arena, por lo que en cierta forma, imitaba lo que sentimos cuando caminamos por la arena seca y blanda de la playa. Este tipo de calzado se vendía para fomentar el trabajo de gemelos y glúteos y en efecto, daba la sensación de que trabajaban más, pero, porque siempre hay un pero, las lesiones de los tendones aquilianos se dispararon. ¿Por qué? Pues porque para andar en un terreno tan blando y con tan mala tracción, forzamos mucho este tendón, el más fuerte del cuerpo humano, pero como no es irrompible, cuando lo sometemos a tanto estrés de forma repetida se acaba lesionando. Y esto es exactamente uno de los riesgos que corremos al andar o correr sobre arena blanda.

La arena húmeda y dura

Cuando la arena se moja se vuelve muy dura, por lo que podremos correr con mejor tracción y estabilidad, pero por el contrario, el impacto en nuestras articulaciones será mucho mayor. Esto no debería suponer mayor problema si corremos sobre esta arena dura con el calzado adecuado, como unas buenas zapatillas de asfalto, pero la gracia de correr en arena es hacerlo descalzo y entonces el riesgo de lesión se puede disparar.

La inclinación

Cuando estamos en una playa, se mantiene una línea de superficie más o menos horizontal para finalmente inclinarse hacia el mar y desaparecer bajo este. Esta inclinación se suele acentuar conforme nos acercamos a la orilla del mar y puede ser más o menos acusada según la playa. Y este es otro problema a la hora de correr, ya que si la inclinación es muy acudas nuestras articulaciones inferiores se pueden resentir. En este caso, ya recomiendo cambiar de sentido con cierta regularidad, por ejemplo, cada 300 o 500 metros.

Problemas con los pies

Pero antes de ponernos a correr en la playa, debemos conocer nuestros pies y saber si podemos correr sobre la arena con garantías. Si no somos conscientes de tener ningún problema y corremos de forma habitual, posiblemente no habrá mayor inconveniente en poder hacerlo. Si por el contrario tenemos algún problema, sería muy conveniente la visita a un buen podólogo y es más, recomiendo su visita a cualquier corredor. Si tienes alguna lesión en los tendones aquilianos, fascia plantar y demás no deberías ni siquiera plantearte correr por la playa.

Correr descalzo o con calzado

Es una cuestión importante con pros y contras en cada bando. Correr descalzo por la arena puede fortalecer algunos músculos de nuestras piernas y de nuestros pies, pero hemos de tener en cuenta que en las playas públicas nos podemos encontrar objetos que nos pueden causar lesiones muy serias. Por ejemplo, podría haber bajo la arena el resto de una botella rota que esté enterrada y nos cortemos con ella al pisarla. El calzado nos protegerá de este tipo de problemas, pero por el contrario nos priva de la sensación de sentir la arena en las plantas de nuestros pies, sensación que puede ser muy placentera.

No te olvides de la crema y las gafas

Pero no solo nos tenemos que cuidar nuestros pies, ya que la protección contra el sol es crucial. Una buena crema de protección solar, factor entre 30 y 50 y unas gafas de sol de calidad, además de gorra, ropa y una buena hidratación son elementos fundamentales para que nuestra sesión de running no se convierta en una tortura. Hay que tener en cuenta que el reflejo de la luz solar en la arena y el agua hace que nos llegue mucha radiación solar que tenemos que proteger por los medios que sean necesarios. ¿Y si está nublado? Si está nublado exactamente igual, ya que si nos confiamos, podemos sufrir serías quemaduras. Eso ocurre porque los rayos ultravioletas que son los que nos queman, pueden atravesar las nubes sin demasiados problemas. Por lo tanto, la misma precaución en la playa en un día nublado. Si corremos además, la hidratación es un tema clave. Una bebida isotónica antes, durante y después de la sesión de entrenamiento es vital. Y como no habrá sombra, deberemos evitar correr en las horas centrales del día o en días demasiado calurosos. Por cierto, después de terminar nuestra carrera, nada de correr al chiringuito a por una cerveza, ya que el alcohol deshidrata, por lo que mejor continuar con nuestra bebida isotónica.

Conclusión

Correr por la playa puede ser algo casi mágico, pero si no observamos ciertas reglas puede convertirse en una pesadilla. Si nunca lo hemos hecho, es conveniente hacer una sesión muy corta el primer día para ver sensaciones y que todo esté bien y por supuesto, si no corremos de forma habitual, empezar el primer día en la playa es bastante desaconsejable. La visita a un podólogo previamente es muy aconsejable.

Yo particularmente no lo recomiendo, a no ser que sea por mero capricho y durante una sesión corta, ya que hay mejores entornos para practicar algo tan exigente como el running.

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